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Mirador del Río, preciosas vistas de La Graciosa desde Lanzarote

Mirador del Río

César Manrique, uno de los artistas más destacados de su generación, ha sabido compaginar como nadie la arquitectura con la naturaleza. Así, en el Mirador del Río echó el resto, creando una obra inmortal que nos brinda una vista bastante exclusiva de la isla de La Graciosa, y el archipiélago Chinijo.

Aunque se le confirió el nombre de Mirador del Río, no hay afluente alguno en la obra. Se trata del brazo del océano Atlántico, que separa majestuosamente Lanzarote del resto del archipiélago.

El Mirador del Río: la mejor panorámica sobre Chinijo

Atardecer en el Mirador del Río

Este hito arquitectónico canario se alza en la parte más alta del Risco de Famara (a 400 metros sobre el nivel del mar). Su emplazamiento obedece a criterios estratégicos, ya que en el pasado albergaba una batería de artillería originaria de 1898. La razón de tan dramático despliegue era el miedo en nuestras filas a un posible ataque de la Marina estadounidense durante la guerra de Cuba y Filipinas.

Más allá de su papel defensivo, tras la inauguración del nuevo mirador, en 1973, la obra se convirtió en el primer reclamo serio para el turismo sostenible en las Islas Canarias. Manrique, en colaboración con Eduardo Cáceres y Jesús Soto, planearon excavar en los cimientos de la antigua batería para erigir, después, el edificio. Al final todo se cubrió con un manto de piedra volcánica de la zona para lograr un efecto mimético.

Desde fuera tan solo es posible apreciar unas pequeñas cúpulas enterradas parcialmente. Ya en el interior, un angosto pasillo dirige a los visitantes hacia la sala de los miradores, dos concretamente. La pared está acristalada y su diseño pretende amplificar la sensación al mirar a través de ellos. Todo está pintado de blanco, para favorecer la luminosidad cuando el sol se cuele por los cristales.

La parte superior

Subiendo una escalera helicoidal se accede al nivel superior. En este área se encuentra situada la tienda de souvenirs. También las terrazas más altas. No obstante, la mejor vista se disfruta desde el balcón, accesible desde el interior del edificio.

La intención de los arquitectos era lanzar al visitante al vacío, no sin antes contemplar justo en frente La Graciosa, con el horizonte coronando la estampa.

Travesía a La Graciosa

Pero si el Mirador del Río supone un reto para los sentidos, la travesía hacia el punto al que apunta no está exenta de encanto. La mejor forma de llegar a esta isla sin igual es usando un trasbordador. De manera diaria, parten varias líneas desde la población de Órzola.

El destino de estos gigantes del mar es la Caleta del Sebo, el portal de entrada principal a La Graciosa.

Durante el trayecto es posible deleitarse con la orografía aledaña, que tan bien se escrutaba desde el Mirador. La ruta es bastante tranquila, y se presta a la navegación, sin embargo, al doblar Punta Faraones, el Atlántico pega con fuerza, aportando un poco de emoción antes de acabar la travesía.

Al llegar a puerto, nada mejor que reponer fuerza en alguno de los resturantes de la zona. Disfrutar de un pescado fresco y de una copa de vino puede ser el mejor premio a un día inolvidable. Hay varios establecimientos de renombre que preparan platos típicos de la isla. Ya se sabe, el estómago también es un viajero insaciable.

En definitiva, contemplar La Graciosa desde el Mirador del Río es una forma de rendir tributo a la obra de Manrique, y también a su propósito. La sostenibilidad y el turismo se dan la mano en un entorno moldeado a placer por los elementos, tal y como soñaron sus creadores.

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